Es sabido que muchas veces la gente toma a algún personaje deportivo como un ídolo, aunque esa idolatría puede ser fácilmente quebrada si ese deportista no logra un tiro decisivo o si dice algún comentario fuera de lugar. Lo más grave es cuando se trata de gente adulta que le inculca al hijo exactamente como se debe reaccionar ante un hecho adverso.

Una persona que hizo una publicidad muy controversial fue el ex NBA Charles Barkley, quien dijo “yo no soy el ejemplo a seguir para tu hijo.” Este comentario causó mucho revuelo porque hay muchos chicos que idolatran a los personajes deportivos, tanto o más que a sus propios padres.

Siguiendo el ejemplo de la NBA, podemos hablar del caso de Lebron James. Fue un jugador que inició su carrera deportiva en el equipo del cual le gustó de chico, los Cleveland Cavaliers. El los guió a ser, del peor de la temporada, a jugar la final de la NBA (donde perdieron contra los poderosos San Antonio Spurs) y, al ver que no tenía posibilidad de ganar un campeonato, fue tentado para ir a los Miami Heat. Al hacer esto, pasó de ser el ídolo de su ciudad a que quemasen camisetas con su nombre y declarado “traidor de la ciudad de Cleveland.”

A veces la presión de ser un ícono nacional puede jugar en contra. El caso específico es en Argentina, con Lionel Messi. Es, a la vista,el mejor jugador del Mundo. Cada movimiento que hace en el verde césped es analizado minuciosamente, donde una gambeta entre dos jugadores es festejada como un Mundial, pero un pase errado es la eliminación de una Final. Es un chico de 23 años que carga la responsabilidad de llevar a un país exitista al éxito. Muchas veces da la sensación de que mucha gente de Argentina quisiera que el jugador hubiese nacido en Brasil para poder enojarse con él y festejar los errores que comete. Hoy, por caso, Argentina juega un amistoso en Costa Rica. El jugador está sobrecargado de partidos y, por una lesión, no estará presente en el elenco inicial de la Selección Albiceleste, lo que generó críticas de muchos argentinos, al extremo de decir “que no juegue más.”

Otro ejemplo de la idolatría o la crítica en exceso es con otro jugador emblemático y de muy buen pie: Juan Román Riquelme. Es un jugador que ha ganado superclásicos, torneos y hasta Copas cargándose el equipo al hombro, pero un penal errado en la Champions League, en una semi-final, lo catapultó a ser el villano nacional: ¿como se puede errar un penal? La respuesta que un día me pudo dar el hondureño Eduardo Bennett, quien jugaba para Argentinos Juniors en aquel entonces, y que el equipo para el que jugaba se había errado cinco penales seguidos fue “Maradona erró penales, Francescoli erró penales ¿como no vamos a errar penales nosotros?”

El actual jugador de Boca se ha encontrado diezmado con lesiones, pero sigue siendo fundamental en el equipo argentino. Es un jugador diferente que puede definir un partido con un pase-gol o una genialidad (como lo hizo contra Vélez, donde sacó un cañonazo al ángulo o, como el último domingo contra Colón, con un golazo de tiro libre). La gente del equipo de la Ribera está dividida, porque se lesionó fue acusado hasta de “ladrón” por muchos de sus seguidores, pero cuando mete un gol es el mejor jugador del mundo.

Es por estas razones que mucha gente confunde idolatría por un jugador o un personaje público, que es un ser humano de carne y hueso como cualquier otro, con la admiración por su juego y, al primer error que esa persona comete, es atacado como un villano público.

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