Muchas veces, en otros países, hay como una imagen del espectador en Estados Unidos de una persona excedida de peso, comiendo sus “hot dogs” ¿Cuánto hay de cierto en esto? Digamos que estamos en lo correcto.

Cuando uno llega a un partido de la NBA (por citar un ejemplo), se puede observar a mucha gente llegar sobre la hora, o cuando comenzó el partido, con su comida en la mano y sentándose cómodamente en su asiento, observando el partido. Se preguntarán ¿y qué comida hay? ¿Cuánto cuesta? La comida es no- apta para gente con problemas de presión o de cholesterol. Se pueden comer una hamburguesa (bastante grasosa por cierto) o un pancho. También existen los nachos (una especie de papa frita) con su “queso”. La comida no es accesible tampoco: una hamburguesa con papas fritas cuesta la módica suma de nueve dólares, mientras que en cualquier cadena de comida rápida uno lo puede comprar por tres o cuatro dólares menos. Estacionar su automóvil cuesta dieciocho dólares. La entrada más barata cuesta veinticinco a treinta dólares. Una camiseta alrededor de cuarenta. Por ende, si uno quiere ir “bien acompañado” que prepare a gastar todo lo que se ganó esa semana, porque si uno come e invita, debe de gastar, por lo menos, unos cuarenta dólares, sin contar estacionamiento y otros “souvenirs” (estamos hablando de un país en una supuesta recesión y se observan largas filas de personas esperando para comprar su comida).

Un ejemplo concreto que me tocó prescenciar en el partido de Golden State- Washington: llegó un hombre acompañado de su hija (de alrededor de seis años) a mediados del segundo período (en la NBA son cuatro períodos de 12 minutos un partido) con la comida en la mano y¡se quedaron a ver cuatro minutos del partido! El sector era con entradas de un valor de setenta dólares, por ser la sección baja del estadio. Terminaron ambos su comida y se fueron del estadio ¿sería acaso el aburrimiento del partido? ¿Será que cayó mal la comida? Son las preguntas que uno se hace cuando observa estas situaciones que, para uno que creció en el ámbito del “fanatismo” lo puede, por un lado, sorprender y, por el otro, hasta sonreir y preguntarse si a la gente le sobra la plata.

En cuánto al “fanatismo” la gente es bastante respetuosa, sentada como si fuese a ver una obra de teatro, salvo en contadas ocasiones donde quizás el partido se puso áspero, pero la gente solamente se para de sus asientos para aplaudir una muy buena jugada. Gritan cuando aparece, desde el cartel luminoso “NOISE” (hagan ruido) o cuando se pide un tiempo muerto y, literalmente, regalan pizza al sector más ruidoso.

Por otro lado, por ejemplo si uno ve un partido de baseball, al ser tan largo un partido (en promedio dura dos horas y media), la gente se la pasa hablando de sus asuntos cotidianos, comen maníes y toman alguna bebida (por lo general cerveza), solamente gritando en alguna jugada puntual. Antes de comenzar un encuentro, por los parlantes del Estadio se anuncia “que se prohibe el insulto que pueda molestar al prójimo”.

Uno compara estas situaciones al espectador latinoamericano y no le queda otra que reirse. Remitiendome a mis experiencias de “cancha” en Argentina, es rara la vez que la gente se quede sentada (aunque paguen por el sector de platea para estar sentados, la gente está parada), es rara la vez que la gente NO insulte por más que haya un chico de cuatro años al lado de él y que repita todo como un loro y es rara la vez que la persona se vaya antes de que termine un encuentro, al contrario de lo que sucede en Estados Unidos, cuando parece que el partido está casi definido, ya se observa a la gente retirándose para “no quedarse atrapada con el tráfico a la salida.”

La próxima vez que se observe un partido de la NBA o de otros deportes “estadounidenses”, podrán prestar atención a estos detalles, donde la gente está más pendiente de su comida que de lo que sucede en el partido mismo.

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