¿Cuántas veces hemos visto a jugadores pedir disculpas después de un acto fallido en la cancha?  Y no por errarse un gol.  Piden disculpas después de que dejan a su equipo con menos jugadores por una expulsión sin sentido.  Lo hacen por una agresión física o por exceso verbal y después dicen “estoy arrepentido.”

Los jugadores siempre hablan de querer dar el ejemplo.  Cada vez que se acerca un clásico, hablan los protagonistas antes de estos encuentros y abrazados en una foto piden “que no haya violencia” pero después se olvidan de esto una vez que rueda la pelota.

¿Será que se dejan llevar por los nervios de la gente?  Hubo un caso del ahora Director Técnico de Estudiantes de La Plata, Nelson Vivas, que se peleó a golpes de puño con un espectador del club que estaba dirigiendo en aquella, Quilmes.  Fue echado inmediatamente del Club por esta acción, pero vale también la pregunta: ¿El espectador tiene derecho a insultar durante 90 minutos a los jugadores y al árbitro?  A continuación pueden ver este lamentable hecho:

 

¿Hasta donde llega la responsabilidad del simpatizante?  Muchas veces los protagonistas se quejan de que los hinchas los insultan durante todo el partido.  Como ser humano es imposible mantenerse frío y no querer contestar.  Es un impulso natural.  Pero los jugadores deben de acordarse que les pagan bien por llegar al nivel que llegaron y que deben de mantener su profesionalismo.  La locura de los jugadores siempre se “transmite” a los hinchas y muchas veces terminan en hechos violentos después de los partidos.  Un caso donde un jugador intencionalmente quiso quebrar a su colega fue de Oscar Ruggeri hacia Chilavert y ésta es la jugada:

 

¿No sería mejor que los jugadores dejen de “lamentarse”?  ¿Quien no se acuerda de la patada de Eric Cantona en Inglaterra?

 

Por todas estas cosas es mejor que los jugadores dejen de decir que “quieren dar el ejemplo” y que “queremos que haya paz en las canchas” cuando Ellos mismos no saben controlar sus impulsos.  Son los mismos jugadores que mantienen vínculos con las barrasbravas y en esto tampoco se salvan los dirigentes.

Algún día los jugadores aprenderán a controlar sus impulsos, pero los espectadores tampoco tienen el derecho de pagar una entrada e insultar durante todo el partido.  No es justo tampoco, ya que sería como una persona que fuese a su trabajo y durante todas las horas que esa persona esté ahí su jefe se la pase criticando cada movimiento suyo.  Imagínese qué pasaría con un empleado si ante cada error su jefe le dijese “pero Usted es un Hijo de P…”, obviamente que reaccionaría mal.  Este es el mismo caso para los jugadores y también se extiende a los árbitros, que siempre son acusados por las derrotas de sus equipos.  El último antecedente de un trabajo laboral excelente por parte de la terna arbitral pero que no fue visto de esta manera por los jugadores fue esta última semana entre Huracán y Peñarol, donde todos los jugadores se quejaron e insultaron a la terna arbitral por anular dos goles (uno por cada equipo) aunque lo que cobraron fue correcto.  Lamentablemente, por esta “demostración” de caballerosidad se terminó de trasladar a las tribunas donde hubo enfrentamientos entre los hinchas de Peñarol y Huracán y que terminó con incidentes con la Policía:

 

La semana que viene, en Argentina, será la semana de los clásicos.  En varios de estos partidos han habido antecedentes de violencia.  Por citar algunos de estos encuentros son Vélez- Argentinos Juniors, Lanús- Banfield, San Lorenzo- Huracán, Unión- Colón, Newell’s- Rosario Central (partido donde SIEMPRE hay incidentes), Racing- Independiente y el Superclásico de Boca- River.  Seguramente vamos a ver a los protagonistas, durante la semana, hablar de que “esperemos que haya paz en la cancha” y después ocurrirán incidentes que se trasladarán hacia las tribunas.

Desde esta página siempre pedimos a la gente que se acuerde que el fútbol es un deporte y nada puede justificar la violencia y el asesinato de una persona por ser simpatizante de otro equipo.  Se puede uno equivocar, se puede criticar o insultar por un error pero nada más.  El encuentro termina y la vida sigue.  Que haya paz en las canchas.

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