Hace algunas semanas tuve que parar de escribir las notas del Mundial.  Quise mantener alejado mi vida personal de lo que ocurría con la parte deportiva, pero el dolor nuevamente me invade con el fallecimiento de Líber Vespa, ex jugador de Argentinos Juniors que admiré en mi época de adolescente y que tuve la fortuna de haber entrevistado el año pasado.

Con respecto a lo que sucedió conmigo, el Primero de Junio nació mi hija.  La felicidad pasó a ser rápidamente preocupación al ver que Ella lloraba y lloraba toda la noche y no le encontrábamos la solución.  A eso le sumamos las constantes desatenciones médicas, como no dar una autorización para hacerle un chequeo generalizado y revisar a mi hija como si fueras a hacer un pedido en Mcdonald’s y te dan tu número y lo vas a retirar cuando está hecho.  Esa clase de atención médica en un país tan desarrollado como Estados Unidos.

Le salvamos la vida a nuestra hija gracias a la insistencia de mi esposa de ir a la Sala de Emergencia.  Ahí le descubrieron que los riñones son más chiquitos de lo habitual, estuvimos 10 días en la sala de terapia intensiva y ahora está estable.  Pero siempre queda ese pensamiento de “¿y si no hubiésemos ido al hospital?” y se vienen imágenes terribles a mi mente de las que no quiero escribir pero que supongo Usted se imaginará porque me comentaron que si no la llevábamos esa noche al Hospital, no hubiese sobrevivido.

Y todo esto me lleva también a lo sucedido con Líber Vespa, uno de mis ídolos futbolísticos de la adolescencia.  La verdad que me pegó esto, al ver que se fue tan joven, a los 46 años, casi la misma edad de mi padre cuando falleció a los 48 años.  La sensación que me dio de Vespa fue de una persona muy abierta, honesta y con un sentido del humor bárbaro.  No lo digo porque haya fallecido, lo digo por esa entrevista que le hice, que fue alrededor de 30 minutos y que hubo muchas partes donde nos matamos de la risa, en especial aquella parte donde le dije que lo vendía porque “¿quien lo conoce?”

La vida misma no está comprada ni tiene precio.  Lo único que podemos hacer es vivir todos los días lo mejor que podamos, ser bueno con otra gente aunque sean malos y agradecerle a Dios (si son creyentes) de tener un día más de haber podido abrir sus ojos.

Desde esta página quiero darle un gran afecto a la familia Vespa y acompañarlos en el dolor de una partida inesperada.

¡QEPD Vespa!

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